La Batalla de Stalingrado

Portada del libro


Este libro, escrito en 1973 por el norteamericano William Craig tras un exhaustivo trabajo de documentación y entrevistas, fue la fuente primordial de la que se nutrió Jean Jacques Annaud para contarnos -con notables licencias- la vida de Vasily Zainstev en su infravalorada “Enemigo a las Puertas” (Zainstev fue el más renombrado francotirador soviético que aterrorizó a los nazis en Stalingrado).
Pero este libro no está centrado en Zainstev (que aparece poco dentro de la globalidad de la obra), sino en la generalidad del drama sufrido por soldados y oficiales de ambos bandos, el Eje y la URSS, y también de los civiles inocentes que tuvieron la desgracia de caer en mitad del infierno.

Stalingrado fue sin duda la batalla decisiva del frente Oriental, la tumba de la Operación Barbarroja, y cuyas consecuencias frenaron y pusieron fin al expansionismo nazi en Europa, que a partir de entonces tendría que adoptar una estrategia militar defensiva en todos los frentes. Tal enfrentamiento, acaecido entre junio de 1942 y febrero de 1943 ha pasado a ser una de las más sangrientas batallas de la Historia (sino la que más), fruto del choque frontal de dos de las más brutales ideologías de la Historia: el nazismo y el estalinismo (que no comunismo per se), que engarzaron en una tenaza mortal a toda una población civil durante meses en un pulso político e ideológico demencial (negándose ambos a renunciar a la ciudad) que condenó a la muerte a dos millones de personas.
El libro narra, paso a paso, alimentándose de las vivencias de veteranos de ambos bandos, incluidos los propios habitantes, el curso de la batalla, desde la calmada vida de la industrial Stalingrado antes de la invasión del VI Ejército de von Paulus, pasando por la invasión de facto por parte de la arrolladora apisonadora alemana hasta desembocar en una -en principio- vaga resistencia soviética, para cobrarse venganza la Madre Rusia, con posterioridad, en una contraofensiva a base de sacrificar cientos y cientos de rusos, hasta llegar a miles y miles, frente a la superior tecnología militar alemana. Eso sin contar con que el VI ejército alemán de Paulus, formado por un cuarto de millón de soldados, podría haberse salvado, pero la cúpula de la OKW (Oberkommando der Wehrmacht – Cuartel general del ejército alemán) selló la tragedia de Paulus en un ejercicio de ineptitud supremo, con el megalomaníaco Adolf Hitler a la cabeza acompañado del jefe supremo de la Luftwaffe Hermann Goering.

La de Stalingrado, es una obra abrumadora en cuanto a datos, narrada con una objetividad y minuciosidad extremas, y constituye un relato imprescindible de un episodio trascendental para el devenir de la Europa del siglo XX; batalla parangonable en mi humilde opinión al Desembarco de Normandía año y medio después, en 1944, e igualmente decisiva para el destino final del Tercer Reich; y por ende, de Occidente.

Enlaces relacionados:
El día más largo.
64 años de la Operación Overlord.

5 pensamientos en “La Batalla de Stalingrado

  1. Los Rusos lucharon heroicamente, en esta salvaje invasión Nazi, fue decisiva, pese al menor armamento que tenian frente a los Alemanes, que se fueron con todo para ganar esta batalla, que al final perdieron la guerra. El Mundo no olvidará este sacrificio del pueblo Ruso, que se portó a la altura de un gran país. Gloria Eterna a los combatientes Rusos de la Batalla de Stalingrado, que Dios los tenga en su gloria.

  2. Es cierto que en aquel momento en Stalingrado los rusos tenian armamento de menor calidad respecto al armamento alemán, pero desde luego los rusos eran inmensamente superiores en suministros, capacidad artillera y sobre todo en despiadado desapego a sus propios cuidadanos a la hora de lanzar oleadas de soldados rusos mal pertetrachos hacia una muerte segura contras las tropas alemanas. Su aplastante superioridad numérica, unida a una sangrienta y suicida táctica de desgaste personalmente refrendada por Stalin fue la que al final le otorgó la victoria final a la URSS.

  3. Pingback: Tal día como hoy… « Javier Aranda

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