El día más largo

Portada del libro


El día D, a la hora H, comenzó el Desembarco de Normandía, y el Muro Atlántico de Hitler se partió para siempre.
El 6 de junio de 1944 a las seis y media de la mañana, cinco mil barcos, desde dragaminas a destructores, desde cruceros a fragatas y hasta petroleros, transportaban doscientos cincuenta mil soldados desde Inglaterra hacia las costas de Normandía a través del Canal de la Mancha, en una megaoperación militar de proporciones bíblicas, donde cada hombre, vehículo y bomba tenían un papel perfectamente cronometrado en el abigarrado tapiz de la operación; operación inédita en la Historia hasta entonces.

Pero la batalla realmente no comienza ahí, sino cinco horas antes, exactamente a las doce y cuarto de la medianoche, en que los primeros paracaidistas de la 82ª y 101ª divisiones aerotransportadas norteamericanas, y la 6ª división aerotransportada británica toman tierra en la retaguardia de las defensas de las playas (bautizadas como Utah y la sangrienta Omaha para los americanos, y Sword, Juno y Gold para los flemáticos británicos y animados canadienses) y empiezan a preparar el terreno y marcar las zonas de aterrizaje para la posterior llegada del grueso de paracaidistas (no menos de ocho mil) y los planeadores con hombres y material. Esta segunda oleada debía ocupar pueblos, posiciones artilleras alemanas y demás objetivos a una hora predeterminada para facilitar el desembarco de las lanchas en la siguiente fase de la invasión. Minutos antes justamente de la hora H, el cielo de las playas debía ser eclipsado de acero volador cargado de bombas: miles de cazas y bombarderos deberían barrer las defensas de las playas (hábilmente erigidas por Rommel, todo hay que decirlo) para que las tropas pudieran desembarcar con mejor fortuna y disponer de cráteres en las playas en los que parapetarse de los cañones y metralletas alemanas supervivientes.

Pero aunque los planes del alto mando de Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas Aliadas en Europa, estaban cronometrados al más mínimo detalle, con un pequeño margen para contingencias de última hora, la verdad es que no todo salió como se esperaba, y el desastre rondó cerca en múltiples ocasiones.

A lo largo del libro del periodista de guerra Cornelius Ryan se narra con un lenguaje sencillo, y fuertemente basado en los relatos de los supervivientes, el desarrollo cronológico de los acontecimientos, mezclando la fría estadística de la táctica militar con los relatos humanos que el autor del libro, corresponsal del Daily Telegraph en la IIGM, pudo recuperar de soldados de ambos bandos, supervivientes de la resistencia francesa y de los pueblos implicados. Probablemente para los prebostes de la militaria no sea este el mejor libro en narrar el desembarco de Normandía y otras obras desglosen más minuciosamente los datos de la operación militar, pero desde luego cumple a la perfección su labor periodística y divulgadora, no olvidando ese lado humano del que todo relato bélico jamás debería prescindir. Pero “El Día más Largo” es, ante todo, un impecable retrato periodístico de uno de los días más importantes en la Historia de la Humanidad.

Ofrece una idea bastante global y completa del desarrollo de los acontecimientos, minuto a minuto, con una prosa como digo sencilla y accesible, aderezada con pequeñas anécdotas que enriquecen la descripción del absurdo de la Guerra. Y con una voz del autor equilibrada que sabe parar allá donde el relato podría entrar en el terreno de la angustia y el dolor, pero que tampoco convierte el libro en una asepsia ajedrecística deshumanizada bajo las cifras y los hechos.

No obstante, como a menudo ocurre con la historia militar de la IIGM narrada por los occidentales, a veces pareciera que (quizá por omisión) los únicos salvadores de Europa fueron norteamericanos e ingleses, obviando que sin los dieciocho millones de soviéticos que entregaron su vida en el frente oriental el imperio nazi hubiera durado como mínimo unos cuantos años más, y la sangría de americanos e ingleses se hubiera centuplicado en extremo (o hubieran caído un par de bombas atómicas en Alemania).

Salvo ese tópico habitual en la historiografía occidental, este libro publicado en 1959 es una lectura muy recomendable, y su autor, Cornelius Ryan, un corresponsal e historiador bastante bien considerado, que tras mil entrevistas logró concebir una pieza histórica y periodística arquetípica, de un gran valor.

Enlaces relacionados:
64 años de la Operación Overlord.

4 pensamientos en “El día más largo

  1. Pingback: 64 años de la Operación Overlord « Javier Aranda

  2. Pingback: La Batalla de Stalingrado « Javier Aranda

  3. ese dia pasara a la historia deveria ser fantastico lo digo en el sentido figurao los aliados tan bien preparado magistral toda una masa

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